lunes, 30 de diciembre de 2013

2013, un año absolutamente increíble

Recuerdo que comencé el año con una entrada titulada “¿Año nuevo, vida nueva? Es posible”. Una entrada en la que llamaba, con un renovado espíritu positivo, al cambio total de un pésimo año 2012 a un radiante año 2013. Lo que no sabía en ese momento era qué tan grande iba a ser ese cambio… esa renovación.

Como os dije, todo comenzó con ese nuevo yo, ese espíritu positivo, ese aire de renovación, de querer ser yo, sentirme como siempre. Por desgracia, no todo puede ser absolutamente perfecto en esta vida, pero… poniendo todos los acontecimientos de este año en una balanza, los hechos positivos pesan muchísimo más que los negativos, no cabe duda.

Como dije en mi anterior cierre de año, este 2013 me llevo, cómo no, la confirmación y el convencimiento de tener verdaderos diamantes en bruto como amigos. Sí, todos siguen ahí, en su sitio, todos en los momentos de risas pero también en esos momentos en los que he necesitado de su apoyo. Sin duda, mi primer agradecimiento del año va por ellos.

El segundo, obviamente, por esa increíble familia de la que formo parte. No voy a repetirme mucho más, ellos saben lo que son y cómo son, y sin duda… son increíbles.

El tercero… me lo voy a guardar para un poco más adelante! Pero es probablemente el agradecimiento más especial que quiero hacer.

Sin duda, como comenté antes el año trajo cosas malas, pero nada es perfecto, así que es normal… nos quedamos con las buenas! En primer lugar, el hecho de sentir cómo en lo académico todo sigue su curso… con mayor o menor dificultad, pero al fin y al cabo saliendo adelante.

En segundo lugar… sí, acabé el año mencionando que había un coche pendiente de llegar, ¿recordáis? Allá por el 23 de abril llegó a casa aquél al que bauticé como Mondy II. Nuestro nuevo coche, del cual tenía unas ganas… increíbles, sin duda. Como expliqué varias entradas atrás (Oldies vs. Newbies: Ford Mondeo MK2 5p. vs. Ford Mondeo MK3 4p.) se trataba del reemplazo de su antecesor, bautizado como supongo que deduciréis como Mondy I. Y sí… teníais que verme con él cual niño con zapatos nuevos, callejeando por las calles del barrio y maravillándome con cada reacción suya. Las primeras semanas con él eran… coche, coche, coche, coche y más coche (pido públicamente disculpas si me he puesto muy pesado con el coche… de verdad!).

Y el tercero… retomando la parte de agradecimientos. Como sabéis, no me he sentido muy agraciado en el amor… hasta que la conocí a ella. Prácticamente en el ecuador del año, allá a finales de mayo, entró en mi vida. Se llama Judith, y es sin duda el mejor acontecimiento de este año. He de reconocer que no ha sido precisamente un camino fácil, pero por difícil que haya sido, tenerla en mi vida es probablemente el mejor lujo del mundo. Sentirla siempre conmigo, riendo en los buenos momentos y apoyándome en mis momentos malos (prometí no amargarme ni un segundo de este año; comprendedme, a veces es imposible evitarlo…), sea teniéndola a mi lado o sea a distancia, sentir que le digo “te necesito” y está ahí. Por supuesto, sintiendo esa necesidad de estar a su lado siempre que me necesite. Pero sin duda, haciendo que me sienta realmente afortunado, feliz, lleno. Si faltaba una pieza en el puzzle de mi vida, esa pieza era ella. Y si dicen que lo bueno se hace esperar, por difícil que sea, ella no es que sea buena, es lo siguiente! Adorar cada cosita suya, desde las cosquillas que me hace hasta las cositas más tiernas y dulces que me dice. Estar a su lado y sentir que no existe otro mundo que no sea el que hacemos ella y yo… cientos de miles de sensaciones a cada cuál más bonita que hacen que me sienta increíble.

A ti, gracias por entrar en mi vida, por dejarme entrar en la tuya, por dejar que todo esto vaya adelante. Aunque los dos sabemos que no ha sido fácil, ha valido muchísimo la pena pelear para que todo funcione y lo haga de la forma que lo hace. A ti, gracias por el apoyo que me has dado y me das, por los ánimos, por conseguir sacarme sonrisas hasta en mis momentos más bajos. A ti… gracias por hacerme tan feliz, por endulzar un año casi perfecto (salvo por dos o tres cosillas…). Por todo eso, y por un montón de cosas más… gracias. Te quiero, y te quiero mucho!

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Y a todos, os deseo un 2014 cargado de cosas buenas y momentos buenos, y con el mínimo de cosas malas!

Nos vemos el año que viene Sonrisa